Transformación de los fanáticos.

by Eliécer Arias Sánchez | Posted on lunes, diciembre 18th, 2017

Costa Rica, el país del vacilón y el más feliz del mundo.

Lo ocurrido en el Rosabal Cordero no tiene parangón. Hemos visto aficiones rivales aplaudir un buen gol, también un futbolista aplaudiendo y burlándose del árbitro, vimos a la afición tica ponerse de pie y aplaudir a los hondureños en 1972 cuando nos empataron a tres luego de ir perdiendo 3 a 0, en claro reconocimiento por su gran esfuerzo.

Hace unos años la afición del Real Madrid en el Santiago Bernabeu lo hizo con Lionel Messi por su gran actuación y dolidos por la goleada que les daba el Barcelona. Hemos visto fanáticos abuchear a su propio equipo por una mala presentación.

Están los que no cantan, no alientan, no aplauden. Existen los que abandonan el estadio antes de concluir el juego, Hay quienes silban, lanzan objetos a la cancha e insultan a su propio equipo. Otros que sólo asisten al estadio en clásicos o finales. Los que abandonan a su equipo en las derrotas y no vuelven al estadio. Los que invaden la cancha y se la juegan por un saludo, una foto o un souvenir.

Pero lo del domingo en el estadio de don Eladio, fue patético, una gran mayoría de heredianos fueron con la consigna de brindar un aplauso y celebrar los goles de su rival. ¿Con qué fines este festejo? Dejar por fuera a Saprissa, buscar un rival más “cómodo”, hacerle “bullying” a los morados.

Esto del Rosabal Cordero ha sido inédito, nunca antes visto. Un sector de aficionados celebrando con tanta pasión y jolgorio los goles del equipo rival. Este “hostigamiento” herediano causaba hilaridad en algunos, pero a la vez enojo y desaprobación en otros.

Es evidente que la causa de todo esto, obedece a las manifestaciones de algunos dirigentes florenses quienes molestos por decisiones arbitrales realizaron comentarios incendiarios que alimentaron la sacada de clavo de sus parciales, sentir que con ello enaltecen al equipo y se quitan a un enemigo que en la teoría es mucho más asequible.

Algún desprevenido podría pensar que es una falta de identidad de los florenses, pero es una reacción en defensa de su institución. Durante la semana previo a los dos juegos, hubo dos frases lapidarias. “si no van a la final, no me culpen a mi” Hernán Medford. “De nada nos sirve que ellos ganen, si nosotros no lo hacemos” Carlos Watson. Y así fue.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

About the Author