Exceder los límites de capacidades puede llevarnos a la incompetencia total.

by Eliécer Arias Sánchez | Posted on lunes, noviembre 20th, 2017

A finales de los años 60, un famoso educador canadiense llamado, Laurence J. Peter, formuló un principio, que aún hoy día genera debates entre quienes lo defienden y quienes no lo consideramos una verdad absoluta.

El postulado, denominado “Principio de Peter”, establece en su esencia que las personas que realizan bien su trabajo en cualquier área, normalmente ascienden o se les da la oportunidad en puestos de mayor responsabilidad hasta que por alguna razón sobrepasan sus capacidades y caen al nivel de la incompetencia.

Hemos sido testigos de personas que se desempeñan eficientemente en un puesto y luego de un ascenso o cambio de roles, su rendimiento, motivación y excelencia caen dramáticamente. ¿Por qué? Buena pregunta. Posiblemente sobrepasaron el límite de sus capacidades.

En el fútbol, también tiene su aplicación lo que expone Peter. Hay dirigentes, directores técnicos, seleccionadores y jugadores que han resultado exitosos en ciertos equipos, bajo circunstancias y condiciones coyunturales, pero a la hora de asumir posiciones de dirección más trascendentes en el caso de los dirigentes, de cambiar de equipo, de ser contratados en otra Liga o clasificar a una competición de alto nivel en el caso de jugadores o técnicos, exceden su punto más alto de capacidad y comienzan a colocarse en la zona de incapacidad.

El deporte no es un círculo de éxito. Por ejemplo, si un jugador rinde y es líder en un equipo pequeño, no necesariamente lo será en un club grande. Un extraordinario jugador no tiene seguro que será un gran director técnico. Un estratega o un grupo de jugadores que clasificaron a una determinada competición internacional, no necesariamente pueden enfrentarla con los mismos argumentos y la misma receta con que llegaron a ella.

En nuestro fútbol no basta con analizar sólo las capacidades técnicas o funcionales de alguien, también hay que evaluar seriamente su reacción ante el entorno y que éste no le resulte una excusa para justificar su fracaso. Deben tomarse en cuenta las aspiraciones y los esfuerzos individuales que hagan para querer ser mejores y sobre todo manejar los “egos”. El control y dirección de este último punto es básico, porque marca el camino para reconocer la intención de aprender y crecer.

En la vida, en el fútbol y en el deporte en general siempre hay una mejor forma de hacer las cosas y no existe solamente un camino para conseguir los objetivos.

No obstante lo anterior, el “Principio de Peter”, olvida que cualquier habilidad se puede aprender. Es verdad que antes hay que pasar por la frustración inicial de saberse incompetente, pero una vez que se es consciente de las propias deficiencias, se puede pedir ayuda, recibir consejo o incluso auto capacitarse para reforzar o aprender nuevas técnicas o destrezas.

Por tanto, el “Principio de Peter” se puede vencer, porque en definitiva ser competente o no, depende de uno mismo. Con buena disposición, ganas y esfuerzo podemos subir peldaños en la escalera del aprendizaje. Pero eso sí, hay que querer hacerlo.

Que tomen nota nuestros dirigentes, directores técnicos, seleccionadores, jugadores y árbitros.

Promovamos la excelencia y no cometamos el error de ¡Dar la patada hacia arriba!

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