Cuando las expectativas son altas, la decepción es mayor.

Desde antes que comenzará el Torneo Preolímpico de la Concacaf, sabíamos que la clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio era complicada.

La Selección Sub23 clasificó a esta instancia luego de vencer con dificultad a Guatemala en aquella serie disputada en 2019 con global de 3 x 2. Posteriormente, a raíz de la pandemia, esta eliminatoria se pospuso por un año, pero ya se conocían los rivales que se tenían que sortear para cumplir el sueño olímpico.

Durante buena parte de este proceso, dijimos que nuestro país cuenta con una buena generación de futbolistas, los cuales, bien orientados, dirigidos y trabajados, podían generarle réditos importantes a nuestro país y dar la pelea por un boleto a Tokio.

Lamentablemente, Estados Unidos y México, desnudaron muy cruel y rápidamente las falencias de nuestro combinado Sub 23.

Ha sido un verdadero “balde de agua fría” la eliminación en las primeras de tanteo, y es que cuando las expectativas son altas, la decepción es mayor.

Pese a que los clubes facilitaron siempre a sus jugadores para los famosos microciclos, el rendimiento de la Tricolor evidenció falta de trabajo. Pero no nos referimos a la cantidad de horas en la cancha, sino a la calidad de lo que se les transmite, a la exigencia en la aplicación táctica y al liderazgo para que saquen lo mejor de sí. El tiempo no alcanzó para amalgamar a un verdadero equipo o lastimosamente se enfatizó en otras prioridades.

Este fracaso, tiene muchos ejes de reparto. La dirigencia debe hacer su autocrítica porque siguen coleccionando reveses y son los responsables políticos de lo que sucede.

Observamos a un seleccionador “muy tuanis” con los futbolistas, pero sin respuestas convincentes en sus campos de acción.

A los jugadores no se les puede excluir de los fracasos, por una razón muy sencilla: son los héroes en las victorias… Hubo jugadores legionarios y “domésticos” que quedaron debiendo.

Debemos dejar atrás este trago amargo del Preolímpico y comenzar a planificar una buena estrategia para los Juegos Olímpicos de París en 2024, pero a la Fedefútbol se le viene un mes de abril de mucho análisis y decisiones en frío: la Selección Mayor, la Selección Femenina, la Selección Sub 23 y sería muy prudente incluir a la dirección deportiva. Urge un Norte…

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