De “Culitos” Mendoza al “Negro” Sosa.

El fútbol de Puntarenas y Liga Deportiva Alajuelense se vistieron de luto con la partida de dos de sus ídolos la semana anterior. El chuchequero, José Antonio Mendoza  y el rojinegro Hernán Fernando Sosa.

Ambos nos llenaron la retina de actuaciones inolvidables. A Hernán Fernando lo conocimos de una manera muy singular, fue recibido por el exdiputado Carlos María Chajud quien nos había invitado a transmitir nuestro programa de radio en el balneario de Ojo de Agua. Chajud, gran colaborador de Alajuelense, antes de llevarlo al club lo trasladó al programa donde brindó su primera entrevista en el país.

Entre otras cosas recuerdo que no dijo que le faltaba ritmo de competición, sin embargo, su gran calidad la mostró en muy pocos días enfrentando por la Copa Interamericana a River Plate de Argentina donde ya comenzaba a mostrar su liderazgo y grandes condiciones.

El uruguayo dejó un estilo y una manera de jugar irrepetible. Era fuerte, rápido, con buen salto y gran elasticidad, en el uno a uno era casi impasable. Duro en la marca, pero elegante defensor de gran capacidad física.

Sin duda Hernán Fernando está entre los tres mejores extranjeros que han llegado al país. Una gloria para los liguistas. El “mariscal” rojinegro tenía con su don de mando, pero sin petulancias ni agrandamiento.

El porteño, José Antonio Mendoza,  era un jugador con talento natural, afinado, genial. Sus dotes técnicas eran un retrato de realismo mágico. Parecía un fantasma en la cancha, nadie sabía por dónde salía o escondía el balón.

“Culitos” Mendoza, como se le conocía cariñosamente, era técnico, intuitivo, cosas que parecían imposibles las hacía ver fácil. José Antonio es considerado uno de los mejores jugadores en su gran equipo Municipal de Puntarenas de los setentas, con Didier Gutierrez, “Zurdito” Espinoza, “Lepanteño” Moraga, “Pistón” Velásquez, “Gata” Cabrales, etc.

José Antonio Mendoza y Hernán Fernando Sosa (QDDG) dos grandes figuras, futbolistas muy diferentes que nos dejaron recuerdos que vivirán eternamente. En pocos días el fútbol perdió a dos de sus grandes íconos. Uno, casi siempre se anticipaba a las intenciones del rival, el otro una sinfonía al que le sobraba talento para improvisar en la cancha.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

administrator

Artículos Relacionados