“El juego mañana, nos dice poco”.

La Selección de Costa Rica prepara su último juego mundialista y sus maletas de regreso a casa.

La especulación está a la orden del día sobre la cantidad de cambios que hará el “Machillo” y sus movimientos de sistema. Que jugará con dos hombres en punta, que ahora si llegaremos al marco rival. Qué vamos a lavarnos la cara, despedirnos con dignidad y ayudar que la decepción no sea tan grande.

El país está muy dividido en opiniones sobre la última confrontación ante Brasil. El “casi, casi” del cero a cero nos dejó un agridulce en el paladar y el reclamo de que pudimos hacer algo más.

Don Oscar Ramírez murió con las botas puestas y cualquier cosa que intente hacer mañana ante Suiza no tendría mayor trascendencia, más que darnos una alegría insípida, o que no seamos los peores de Rusia 2018.

La pregunta de muchos es si haremos un gol, un punto o tres. Lo único claro es que estamos de vuelta, un regreso lleno de pesadumbre y cuestionamientos. Debemos dar gracias a los que lo dieron todo, a los que mostraron su profesionalismo, a los que como Keylor Navas expuso su grandeza en el marco y lo defendió como si estuviera en las tres finales de Champion League, gracias por su carisma y liderazgo estamos orgullosos de su rendimiento. A los que lo hicieron a medias, a los que jugaron disminuidos, a los que llevaron sin estar en forma, a los que apenas fueron por completar un número y una lista. “Qué el fútbol y la patria os los demanden”.

Aquí en tiquicia, periodistas que hablan mal de periodistas, dirigentes que esperan el quítate tú, para ponerme yo. Otros afilan la guillotina para Oscar Ramírez y Rodolfo Villalobos. A los sabiondos que tenían la solución post eliminación. A los que se envuelven en la bandera de Costa Rica y lanzan mensajes patrioteros. A los que piden el regreso del verdugo, del implacable, despiadado e intolerante Jorge Luis Pinto Afanador. A los que no lo soportan ni en fotos, lo ven como un vomitivo y harían hasta huelgas cerrando el aeropuerto y puentes que impidan su llegada a la selección.

Costa Rica el país más feliz del mundo, y el país del vacilón, donde no pasa nada, aunque pase. La eliminatoria a Catar está a solo dos años plazo. Lo que regresa de Rusia, jugadores, cuerpo técnico y dirigencia es incierto. ¿Habrá borrón y cuenta nueva?

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

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