• 15/08/2022
  • Last Update 15/08/2022 12:56 am
  • Costa Rica

Nocaut a la española.

Nocaut a la española.

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Cuando todo parecía indicar que se daba un “pacto a la española” en el Clásico; llegó la “Saprihora” la que tanto daño le ha hecho a Alajuelense y a otros equipos.

En el fútbol es complicado adivinar el futuro, es imposible vaticinar el desenlace de un Clásico, es el más imprevisible de todos los encuentros, la calidad de sus jugadores, la motivación extrema y la carga de presión que generan estos juegos es enorme. La intuición de los técnicos para sacar de la chistera a ese jugador anónimo que muchos fanáticos no le dan opciones o los ven como futbolistas secundarios.

Imaginar lo que puede ocurrir, es tan complicado que todas las presunciones pueden terminar en un fracasado pronóstico. No siempre las “estrellas” del equipo son las que deciden un Clásico, los protagonistas “anónimos” también juegan. Eso ocurrió el domingo con Jaylon Hadden, quien para muchos no era la mejor opción. Sin embargo, hizo revivir las frases del recordado presidente de Saprissa don Jorge Guillén: “No se repartan nada mientras Saprissa este vivo” o el “Saprissa es como el hierro toledano, se dobla, pero no se quiebra”.

El Clásico Nacional es el evento más seguido en el país, todos están pendientes de quien o cómo se va a decidir el juego. En esta ocasión no fueron los más pintados quienes aparecieron para dar la victoria a uno u otro equipo, sino, uno de esos futbolistas del que sus fanáticos no esperan mucho.

Lo del domingo no es la excepción, su gol permitió a los morados vivir una tarde grande y abrazarse a una afición, aunque menor, creyó en su equipo. El fútbol entre estos dos rivales se ríe de cualquier pronóstico, y la tontería de que gane el mejor es un absurdo en esta clase de juegos.

La victoria en el Clásico casi siempre estriba en una jugada fortuita o genial, como sucedió el domingo, una gran parada de Aarón Cruz o un ajusticiamiento como el de Jaylon Hadden es el funeral para él rival. Es evidente que resulta tóxico para los perdedores por ser sorpresivo o inesperado.

El partido entre estos dos caciques es el plato preferido de las más grandes aficiones del país, sigue siendo apasionante y hasta conmovedor. En el fútbol como en la vida, no siempre gana el mejor y esa es una lección que nunca se termina de aprender. Es como una buena comedia en el teatro de los sustos.

Leonel Jiménez Rojas, periodista.

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